Te entiendo perfectamente…creo

Son muchos los filósofos, antropólogos y moralistas que en algún momento han tratado la soledad desde filtros diferentes: desde visiones más sociológicas, relacionadas con la marginación con respecto al grupo hasta posturas existencialistas que afirman que podemos sentirnos solos estando rodeados de gente.

 

Hoy, en el presente artículo, me gustaría afrontar el asunto mediante una perspectiva que quizá se haya tratado un poco menos, pero que está directamente asociada con las posturas antes mencionadas: me refiero a si el lenguaje, por su propia configuración, nos hace estar o no solos desde un primer momento.

 

La primera corriente contemporánea dedicada a un estudio científico del lenguaje fue el estructuralismo. Este movimiento tenía como base la idea de que el lenguaje funciona igual que la realidad. ¿Qué quiere decir esto? Que lo que nosotros decimos se refiere a algo que claramente existe en el mundo, y que nuestro interlocutor puede entenderlo mejor o peor. ¿No habéis tenido alguna vez la sensación de que hay personas a las que sois capaces de entender perfectamente?

 

Si tomamos esta premisa como base, la esperanza de no estar solos es bastante grande, ya que a lo largo de nuestra vida siempre podremos encontrar a alguien que comprenda nuestra situación a través de lo que contamos, que nos apoye siempre y que nos dé consejos. También encontraremos en esa persona un compañero capaz de rememorar mediante su producción verbal aquellas historias que os unen, y que llevan al sujeto A a sentirse acompañado del sujeto B.

 

Durante la segunda mitad del siglo XX aparece, sin embargo, la postmodernidad, que empieza a dudar sobre la capacidad del lenguaje de transmitir un conocimiento real sobre el mundo, sobre lo que sentimos o sobre lo que nos pasa. ¿Y si cuando esa persona a la que tanto admiras te dice que te entiende pero en realidad la información que ha recibido se ha reducido solo a una simple interpretación con la que él está satisfecho? ¿Y si pasáis la vida entera pensando que os entendéis, pero realmente vais interpretando los problemas y retos ajenos como os viene en gana? ¿Cuántas veces habéis ido de fiesta, contado un problema y creído que realmente estáis siendo entendidos, cuando realmente la otra persona ha interpretado el mensaje de una manera distinta?

 

Yo puedo decir que siento dolor por no ser capaz de conseguir, por ejemplo, el trabajo de mis sueños. La persona que me acompaña recibirá el mensaje, pero lo interpretará en clave de su propio mundo; se remitirá a su experiencia, y a lo mejor ella, que estuvo solo dos meses en paro, no lo entiende como auténtico dolor, sino como un trance que hay que pasar. Sin embargo, ella dirá que te entiende (de hecho pensará que es así) y tú te quedarás con la falsa complacencia de haber sido entendido.

Yendo más allá, cuando narramos experiencias pasadas que hemos vivido en común, muchas veces ni siquiera las recordamos igual: le damos más importancia a unos recuerdos que a otros, y algunos incluso desaparecen, ya que cada uno dispone de sus propias relaciones semánticas. Si alguien termina una relación con su pareja, cabe la posibilidad de que uno navegue para siempre en los recuerdos para sentirse acompañado, mientras que la otra persona quizá ni siquiera recuerde muchos momentos.

 

En definitiva, si el lenguaje funciona como dice la postmodernidad, todos vivimos en nuestra propia burbuja, aislada y distinta de todas las demás, y el hombre estaría de facto acompañado, pero lingüísticamente solo.

 

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